¿Se puede educar para la incertidumbre?

Mtra. Silvia Aguilar

“La incertidumbre es la margarita cuyos pétalos

No se terminan jamás de deshojar”

Mario Vargas Llosa

Vivir con la incertidumbre está considerado como un aspecto negativo, ya que terminamos asociando este concepto a la duda, la inseguridad o la falta de certeza en las respuestas que buscamos para atender a nuestros cuestionamientos. Este término se utiliza también en al área de negocios, estadística o matemáticas, especialmente cuando la incertidumbre va de la mano con la probabilidad de que suceda algo inesperado que ocasione costos elevados por pérdidas que no fueron consideradas dentro de un pronóstico. La dificultad para pronosticar el futuro afecta los campos de la toma de decisiones, las creencias, la fe y la validez de un conocimiento.

El manejo de la incertidumbre ha variado con el paso del tiempo, tal vez porque generaciones pasadas vivían con un grado menor de incertidumbre que en la actualidad. En otras épocas, la fortaleza de las instituciones daba certeza a la población y la seguridad a los ciudadanos de un buen funcionamiento con leyes claras y expeditas. Por lo tanto, la forma recomendable de manejar la incertidumbre era suspendiendo las acciones hasta tener clarificado el panorama con la intención de disminuir lo más posible el riesgo a cometer equivocaciones que compliquen el futuro. Hoy día es diferente, porque el riesgo es constante y la incertidumbre es ya un estilo de vida permanente; no tenemos certeza de casi nada incluyendo principalmente a las instituciones, la forma en la que suceden los procesos económicos, sociales o políticos de los países, ni siquiera en la educación de los niños, su formación escolar, su trayectoria dentro de las escuelas, la trayectoria profesional y profesional o la autonomía familiar y hoy más que nunca experimentamos un encuentro con la muerte en nuestros círculos más íntimos y pudimos verle cara a cara este 2020.

A nivel emocional, la incertidumbre está asociada con el miedo, es una emoción silenciosa porque no la demostramos con gritos o sonrisas, por ello nos influye de manera menos directa. La relacionamos desde luego con el deseo de controlar nuestro futuro, de saber qué va a pasar para podernos anticipar y que no nos tome por sorpresa. Para algunos, puede funcionar como una motivación, para otros puede resultar insoportable ¿De qué depende? Como siempre, la respuesta está en la educación de nuestras emociones y lo explico:

Existe algo que se llama Necesidad del Cierre Cognitivo (NCC). Esta necesidad es el deseo de dar una respuesta rápida a una pregunta, si el cierre cognitivo no se produce, entraremos a un estado de ansiedad hasta no obtener respuesta. Una vez obtenida la información deseada, logramos la tranquilidad y reducimos la incertidumbre porque estamos generando conocimiento. La NCC es la necesidad psicológica de dar respuesta rápida y firme a una pregunta por la aversión que sentimos hacia la ambigüedad.

Quienes presentan un alto índice de Necesidad de Cierre Cognitivo se caracterizarán entonces por dos parámetros principales: La Urgencia y la Permanencia. La primera tiene que ver con la necesidad de dar respuesta inmediata y la segunda tiene que ver con la firmeza y seguridad que proporciona la respuesta y que disipe dudas. Algunas de las características que tienen las personas con alta Necesidad de Cierre Cognitivo (NCC) son poco tolerantes a la incertidumbre y por el contrario una baja NCC tendrán la cualidad de fluidez de ideas y alto nivel de creatividad.

Contestando a la pregunta del presente artículo, la respuesta es SI y sin duda será una más de las competencias que deberá desarrollar todo docente comprometido con habilitar a las nuevas generaciones de alumnos para quienes su constante de vida será la incertidumbre. Pero como siempre, en materia de educación emocional, si el profesor no ha desarrollado esta competencia, no podrá acompañar a sus alumnos en el proceso de educación para la incertidumbre.

¿Cuáles son los elementos principales de la educación para la incertidumbre? Sin duda, la flexibilidad de pensamiento, del tiempo y del espacio, un pensamiento lateral, no lineal ni fragmentado. La educación en tiempo y espacio no solo habla de una fortaleza en tecnologías. Es lo que en su momento Alvin Toffler mencionó: La capacidad de aprender, desaprender y volver a aprender. Ya que la única certeza que tenemos ahora es saber de antemano que nuestro presente no tiene asegurado un camino lineal o secuencial hacia el futuro.

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